16 de diciembre de 2009

Felices fiestas



Con un abrazo entrañable para los siempre presentes y un recuerdo emocionado para los ausentes.Aunque, de alguna manera, tambien están...

Que tengaís unas buenas fiestas.




2 de diciembre de 2009

A Mar


Y nos dejaste con el arte sin itinerarios y las palabras a la deriva...hasta siempre,Mar.





No te he dicho que el tránsito era vano
dibujándose insolente entre las piedras.
Fluye en ti como un silencio lento
errabunda su avidez entre la quebradura.

El alma en desdicha cuando cantan los otoños
la verticalidad no anula al vacío
y la cascada está muriendo en brazos del crepúsculo
sobre la cima donde el arrebato perfora la memoria.

La niebla envuelve las negruras de noviembre
y recóndita te fuiste entre sus matorrales y efluvios
hacia el insondable donde fermenta la tinta
en un trance del que apenas distanciamos los contornos.

Cuando el tránsito vuelva a la segunda aurora
serpenteará la espesura que inunda los taludes
a pesar del dictamen de los deseos derramados
habrá un grito de alma desgarrada que exclame :
¡y te fuiste!¡y ya no estás!



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31 de octubre de 2009

…Y malditos sean los señores de la guerra


Hay lugares en los que la noche se desgarra
para frágiles muchedumbres
de estirpe desesperada.
La transparencia de la carne
en su vasto territorio de angustia
donde las flores se rompen a cada hora
en un sol níveo discordante con el azul del polvo.
Deambula en el balbuceo
el rictus de un niño frente al señor de la guerra
mantiene entre sus dos manos un libro
y sus papeles de huérfano
en la danza de la muerte apresurada.
Desnudo, el acto suspendido de la nada
hábitos negros
y sus ojos cuestionando al mundo,
la mirada limpia, clara
es grafía comprimida a la memoria.
Franja de sombra endeble, para su fuego impúber
garabato sin raíces
en el tímpano de los disparos.
Llanto,
la rebelión que estalla contra el granito de la historia
del párvulo que cambia el eje de una rosa.
Clamor contra la anemia del viento.
Solo.Deshabitado.Desolado
en la tormenta del equinoccio de la pólvora
bajo un cielo que vomita metralla
por el quebranto de las estrellas.


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29 de septiembre de 2009

Al ausente


- A veces , en los otoños no bisiestos, me acecha el romanticismo y cierta locura atemporal.Y yo me lo creo.-



Esta mañana he visto el hueco de un vacío
un vacío lleno de tus sueños, de tus emociones, de tus besos.
Contemplo el reflejo de tu presencia en el espejo
y la mano inclinada sin voluntad de despedida.

Hoy, ignoro el olvido a través de mí
y encierro las penas bajo la confianza prosaica
de habitaciones soleadas.
Hoy, quiero adivinar tus labios
en los pétalos de mis manos.

Esta tarde, la vacuidad se llena de tu esencia escogida
el ambiente invade el espacio intermediario de nuestro presente.
Las lágrimas no son el remedio para el mal de la distancia.
Solo la presencia de la voz arresta el amanecer de mi angustia.

Sin embargo, nada
nada atraviesa la lejanía
ni cierra el entusiasmo de nuestros cuerpos.
Palabras.
Caen los brazos solos
sobre precipicios entreabiertos
cuando navegan odas dulces y maltratadas
en los párpados de esta alborada solitaria.

Es nuestra orilla más próxima,
la recorro desde el templo donde clavamos los besos.
Es la arena de nuestras fragilidades manchadas
donde mi boca cerrada canturreaba un réquiem.

Es nuestra existencia más caprichosa
donde eclosionan los dedos bajo una lluvia de miradas
donde nuestros párpados siembran transparencias
en estas almas reducidas a cuerpo de ambrosía.

Saborea nuestro mejor vino
recibe con placer la ebriedad de nuestra nada.
Que ella llore bebiendo las gotas
del escepticismo ,del amor
porque para ti será , siempre,
la ternura de mi discurso.




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1 de septiembre de 2009

Reflujo oscuro


Lividez en el atuendo blanco de la incertidumbre
no encuentras tu lugar en la carne de la noche.
Esta cama de hielo, esta cama que parte la ceguera de los cristales
esta deriva te trae al borde de los charcos.
No sabes dónde están ellos, aúllan dentro de ti.
No te inclines todavía
permítete dudar de las resacas
su luz no sabe leer
las lágrimas que te deshabitan.
No te atreves a cruzar las miradas
los cirios por ti puestos se abrazan contra el olvido
y se esconden como niños que tienen miedo.
Tu sed gira y gira en círculo
como una boca agazapada en la ausencia absoluta
y no entiendes su murmullo
los fragmentos de palabras que están todavía en el suelo
en montones arrugados, huérfanos de tu rostro.
No puedes avanzar hacia la puerta
tus manos agrietan la coraza de las horas
la nieve ni siquiera desea desarmar tu lecho
la cruz de tus amores han pagado con el frío en ti.
Suplicas por un ruido
por lo menos un ruido
allí fuera
aquí dentro.
Todo permanece callado
todo se lo bebe
la pequeñez justa del arresto
para lavar cualquier fracaso entre tú y tú.
Perdiste totalmente tu primera piel
en el amanecer de una mentira.
Finalmente te apaciguas
y estrujas tu silencio contra mí.

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26 de julio de 2009

Busco una canción...


Y cada palabra es una puerta estrecha. Un paso a un extraño laberinto de espejos. Singular. Que me recuerdan las imágenes distorsionadas. Y el rostro de turbación que rebota sobre una cascada de iconos agotados por el uso de épocas anteriores. Espacio acarreado.
Y cada palabra es una cauterización, la carne de la tierra en una estación de piedra. Ranura de voz que excava un barranco de suelo seco. La disección de cada uno de los términos y poco más del otro lado de la piel, el gesto hacia esta parte del retraimiento, la incertidumbre de la huida, su disolución en todo el depósito de la memoria. Cada palabra es una puerta estrecha, un paso, una puesta de sol, un cambio. Es un lugar de caída, el lugar de un desplome. Excesivo o no en la noche. Por la noche, especialmente en la noche. El nudo de un deseo imposible.
Porque la palabra expresa una historia diferente. O una forma vacía. Y la palabra meramente detiene al silencio mortal. Secuencias, sueños, que cubren el resultado insignificante o inaccesible. Envanecimiento. Estola tosca. Intrascendente. Un acto que expide la queja de las grietas, lo arcaico. ¿Quién dijo que el final es su primer arrojo?
Porque no se dice nada, o se dice todo.
Ya que nos sirve más allá de nuestros mensajes ,de frente del decir, intención clara, en el canto y murmullo inaudible… Apenas una cantinela, apenas una nana.
Estoy buscando una canción y me encuentro perdida en sombrías melodías. Busco la retahíla de una ola de cristal, el coro que se abre justo entre el horizonte y el amanecer. Busco el camino del verbo, el que penetra en la sombra, el que revela la sinuosidad del tiempo. Quiero el movimiento de manera inequívoca, sin esquinas, sin declive. Intento y se me pierden en abundancia. Y el péndulo sobre el abismo de mis mares encontrados.
Así que trato de invertir la marea en un mar desierto, al igual que una barcaza impedida, desorientada frente a mis evocaciones. Singladura de trance en el resplandor deslumbrante del amor inanimado.

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22 de junio de 2009

Noche de arrebato


Era la noche en que bebí la copa de su ausencia
arrebatada por su falta y me perdí
por el olvido y en el valle de su nombre
entrelacé a él mi diéresis
abrazando el vendaval de nieve de mi vientre
doblándome encadenada con la lluvia.

Era la noche con la copa del día de su recuerdo
en la que me vestí con su cuerpo
y me trencé suya, expiándome,
cuando navegué por sus aguas cual lánguida vela
cuando temblé bajo sus manos como un torrente de mar.

Era la noche afilada y de afanosa belleza
en la que alcé los brazos al limbo y me erradiqué
sobre una boca por la que ascendía la luna
me precipité sobre la aureola de su eclipse
y me clavé el puñal en la misma herida
en la que ya me dolía el amor.

Era la noche en la que me hechizaron serpientes de agua
envuelta en su ser como un Eros sin vigilia;
se extraviaba nuestro sueño por el vahido de la nada
y empujando la tierra mostró su rostro
como hoja de carne privado de corteza
gritando su sed al vacío para extasiarse en soledad.

Era la noche en la que se secaron nuestras cortinas de llanto
y a través de las manos estremecimos la nostalgia
mezclando el alma con la piel como dos ríos extraños
y los dedos fueron rayos entre un laberinto de aguacero
filigranas de alas desplegadas, arremolinándose en la condena.

Era la noche en la que la luz cortaba la flor de las palabras
su sangre y mi sangre se ignoraban en la despedida
como cosidos a unos labios anulados de besos
desnudamos las flechas hundidas en la cicatriz de la memoria
para vestirnos de olvido, para vestirnos de huida.

Era la noche aliviada con licor de luna
se derretía la nieve en su cálido azogue de plata
entre migajas blancas invoqué a la espuma
arena y vidrio, de un domingo embalsamado
y yo en su torso sintiéndole respirar
estremeciéndome en la densidad de su silencio
y la feroz sonrisa del sepulcro de las estrellas.

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